Hace ya dos años que veo la Super Bowl. Lo que antes era una de las tradiciones más importantes del año, una fecha marcada en el calendario desde las primeras semanas de septiembre, se ha convertido en otra perdida costumbre de la patria, algo para comentar con los padres pero poco más. Como Thanksgiving y el cuatro de julio, el último partido de la temporada de la NFL ha quedado fuera de mi vida española. Si digo la verdad me sorprende mucho haber dejado de verla. Pero también es verdad que no me importa demasiado.
Mi primer año en Madrid sí vi la Super Bowl. Jugaban los Bears de Chicago, mi ciudad natal, y había seguido los resultados del equipo durante toda la temporada. Incluso escuchaba por internet las retransmisiones de todos los partidos. En ese primer año este ritual me mantenía hasta cierto punto conectado con mi vida antigua. Me sentía más orgulloso de mi equipo estando en el extranjero, donde era yo uno de los pocos que sabían lo que era la NFL. En todos los demás aspectos de mi vida hacía un esfuerzo tremendo para integrarme en la sociedad española y experimentar cosas nuevas y diferentes. Pero todos los domingos, a medida de que los Bears fueran ganando partido tras partido, ahí estaba yo sentado en el salón de mi piso, escuchando un partido de fútbol americano desde el pleno centro de Madrid.
Perdimos el gran partido ese año, y desde entonces no he vuelto a ver un partido entero de la NFL. Supongo que ya no me interesa tanto como antes. O quizá sea porque me he acostumbrado más a la vida madrileña, que ya no depende tanto de los pequeños detalles de casa. El caso es así también con la mayoría de las fechas importantes que sólo los de la bandera de barras y estrellas celebramos. Han perdido mucha importancia, y a mí no me parece mal. Vamos, no quiero decir que rechace mis raíces estadounidenses, ni que no esté orgulloso de ser americano. Simplemente significa que me he hecho una vida propia fuera de las fronteras de mi juventud, y que he creado una mezcla de experiencias, un intercambio de costumbres, y una diversa combinación de gustos. Prefiero El Clásico a la Super Bowl, pero me va más Death Cab que El Canto del Loco. No hay mejor comida que una buena paella, pero me cuesta empezar el día sin una taza de Starbucks. Esas son las cosas que más me gusta de esta vida española, mi vida española.

No todo el mundo va a entender lo que dices. Es un cambio que parece tan ilógico que muchas personas lo rechazan hasta que no les pase. Tengo que hablar de esto con mi madre una vez al mes (es que no se entera) para que no se vuelva loca... se cree que nunca voy a volver. En fin, me ha gustado mucho porque has podido describir una cosa que he experimentado, y con gran detalle que solamente puede saber alguien que lo ha vivido.
Sugerencias?... pues siento no poder ser de más ayuda esta vez. Creo que lo has clavado, kiyo. Quizá empiece un poco lento, pero los dos últimos párrafos son fortísimos. Me ha molado.
Creo que el ultimo parafito destaca tu argumento el mejor. Tu subrayas los cambios que has visto o notado a ti mismo desde que te trasladaste a Madrid.
Esta es la bonita de nuestras (tus) experiencias que cada vez nos vemos evolucionado y formando. Quise comentar que nadie, opino yo, olvidará los recuerdos de su ¨vida antigua¨ o lo que quisiera llamarla, pero estos recuerdos forman parte de nuestra historia personal y son fundamentales en nuestra evolución como seres humanos. No se si me explico bien, pero este ¨coctel de culturas¨es una cosa positiva, y tu no debes sentir que estás rechazando la identidad ni la cultura, sino que cada momento que te pones en contacto con algo o alguien nuevo, esta solamente te hace ser una mejor persona.
Me he gustado mucho leer esta entrada. A veces siento como si no estuviera esforzándome bastante para integrarme en esta vida española y a veces noto que he evolucionado mucho (en mi opinión). Creo que tiene mucho que ver con la perspectiva desde la cual juzgas la situación. Seguro que mis padres y amigos de EEUU dirían (y han dicho) que notan mucho los cambios. Yo, en cambio, no siempre me doy cuenta porque soy yo todavía.
Muy interesante
A medida que pasan los años vas acumulando experiencias que te van enriqueciendo por dentro. A otra escala, y con algunos años más que tú, yo he sentido algo parecido respecto a mi pueblo, cada vez me siento más de Madrid, y me planteo si será que estoy renunciando a mis raíces.
En absoluto, sobre todo si la alternativa es quedarte en casa y cerrarte a las nuevas experiencias para no perder "autenticidad". Los que convirtieron en un clásico la Super Bowl fueron familias que habían "abandonado" otras raíces, para echar otras.
No somos árboles pegado a la tierra, podemos cambiar de continente y llevarnos las raíces con nosotros para hacer otras nuevas.